Historia del Jardín

María Josefa Soledad Alonso de Pimentel, duquesa de Osuna (1752–1834), casada con D. Pedro Téllez-Girón, noveno duque de Osuna, fue una de las damas más importantes de la nobleza de la época, gran amante de las artes y la cultura.

En 1783, los duques compraron un terreno en las afueras de Madrid, lo que ahora es la Alameda de Osuna, para construir una finca donde disfrutar de la naturaleza con su familia y amigos. En 1787, empezó la construcción del Jardín aunque no se finalizó hasta 52 años más tarde.

La duquesa diseñó un Jardín maravilloso, con árboles y lilas, su flor preferida, con estanques y una ría que conducía al Gran Casino de Baile, escenario de grandes fiestas y acontecimientos musicales que tanto gustaban a los Duques y a sus ilustres invitados.

Durante años, la Duquesa fue construyendo numerosos “Caprichos” para su jardín, en los que disfrutaran sus invitados y se divirtieran sus hijos. Así nació el Laberinto, donde pequeños y mayores jugaban al escondite o el Fortín, donde se representaban batallas teatrales, con cañones  y espectaculares fuegos artificiales, o la Casona de la Vieja, la Ermita, el Abejero...

En 1808, durante la invasión francesa, el Jardín fue ocupado por las tropas de Napoleón quedando prácticamente destrozado. Pero, una vez acabado el conflicto, la Duquesa recuperó sus tierras aunque tuvo que repoblarlo y arreglarlo de nuevo.

Los Duques de Osuna y sus hijos (Goya,, 1788)  
En 1834, tras la muerte de la Duquesa de Osuna, la propiedad del recinto fue legada a su nieto, Pedro Alcántara, quien construye la maravillosa Exedra, en honor a su queridísima abuela. Tras su muerte, en 1844, el Jardín pasó a su hermano, Mariano, quien lo abandona y descuida hasta el punto de tener que ser vendido años después.

Durante la República fue declarado Jardín Histórico aunque eso no impidió en que se convirtiera en refugio del Estado Mayor del Ejército del Centro, al mando del general Miaja, durante la Guerra civil.

Ya en 1943, fue declarado Jardín Artístico y algunos años más tarde, en 1974, el Ayuntamiento de Madrid lo compró y declaró Bien de Interés Cultural, reconstruyéndose de nuevo gracias a las expertas manos de la Escuela Taller de la Alameda de Osuna.

Pero el trabajo mereció la pena: en 2001 recibió el Premio Europa Nostra y actualmente es uno de los Jardines históricos más cuidados y admirados de Madrid.